Obedecer también es amar
La enseñanza estuvo centrada en la obediencia a Dios, pero también en algo que no podemos separar de ella: el amor que debemos tener por nuestros semejantes.

22 de octubre de 2026
Volvimos al Parque Obrera para compartir una tarde de alabanza y escuchar la Palabra de Dios. Este jueves estuvimos Jesús, Jaime, Gustavo, Leonardo, Fran y Marco. Entre los cantos, algunas personas que nos escuchaban levantaban sus manos en oración, y al finalizar tuvimos la alegría de encontrar nuevamente a una pareja que nos había acompañado la semana anterior.
Una tarde de alabanza y gozo
Comenzamos dando la bienvenida a quienes se encontraban en el parque, invitándolos a escuchar y meditar en las letras de las alabanzas.
Gustavo dirigió los cantos, acompañándose de la guitarra y las pistas musicales. Quienes conocíamos las letras nos uníamos a él para alabar al Señor.
Cantamos Yo quiero más de ti y Está cayendo, y poco a poco compartimos un ambiente de mucha alegría. Algunas personas permanecían sentadas, pero levantaban sus manos en oración mientras escuchaban las alabanzas.
Fue una alegría ver que, aun sin acercarse a donde estábamos nosotros, había personas que participaban desde sus lugares. Cada quien a su manera, pero todos compartiendo aquel tiempo de alabanza.
Escuchar la Palabra y confiar en Dios
Después de las primeras alabanzas, Marco compartió la lectura del Evangelio de Mateo, capítulo 7.
En este capítulo, Jesús nos enseña a no juzgar a los demás, a buscar a Dios con confianza y a reconocer que nuestras acciones deben corresponder con lo que decimos creer.
Hacia el final encontramos la enseñanza de los dos hombres que edificaron sus casas, uno sobre la roca y otro sobre la arena. Ambos enfrentaron lluvias y vientos, pero solamente permaneció firme la casa que tenía un buen fundamento.
Mateo 7:24
Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca.
Abrir en la BibliaLa lectura nos dejó una enseñanza que también estaría presente en la predicación de Leonardo: no basta con escuchar la Palabra de Dios, necesitamos ponerla en práctica.
Enseguida, nuestra hermana Fran interpretó Al final, de Lilly Goodman, acompañada de una pista musical.
La canción habla de las dificultades que atravesamos, de las preguntas que a veces hacemos en medio del dolor y de aprender a confiar en Dios incluso cuando no comprendemos lo que está sucediendo.
La obediencia que Dios nos pide
Leonardo comenzó su predicación leyendo Deuteronomio 10:12-14, donde se nos llama a temer a Dios, andar en sus caminos, amarlo, servirle de corazón y guardar sus mandamientos.
Su mensaje estuvo centrado en una pregunta sencilla, pero que nos hizo reflexionar: ¿de qué sirve conocer los mandamientos si no estamos dispuestos a obedecerlos?
Nos habló de cómo muchas veces tomamos decisiones sin buscar primero la dirección de Dios y, cuando las cosas salen mal, terminamos cuestionándolo.
También nos invitó a reconocer las bendiciones que tenemos diariamente. Habló de la comida, del hogar, de despertar una mañana más y de todas esas cosas que a veces damos por sentadas hasta que nos faltan.
En una parte de su predicación mencionó a las familias que habían perdido sus hogares a consecuencia de las lluvias, así como a las personas que sufren hambre, frío o que atraviesan situaciones difíciles.
Fue entonces cuando compartió unas palabras que vale la pena conservar:
«No es que Dios se haya olvidado de ellos, es que nosotros como seres humanos nos hemos olvidado de nuestros hermanos».
Leonardo nos exhortó a no vivir pensando solamente en nuestras propias necesidades. Si tenemos la oportunidad de ayudar, debemos hacerlo. Y no siempre se trata de ofrecer algo material; también podemos compartir una palabra de consuelo, escuchar a alguien que está sufriendo o acompañarlo en oración.
Nos habló de los dos grandes mandamientos que Jesús enseñó: amar a Dios sobre todas las cosas y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos.
Mateo 22:37-39
Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
Abrir en la BibliaTambién habló del perdón. Nos preguntó si guardábamos algún rencor contra nuestros familiares, vecinos o hermanos, y nos animó a soltar esas cargas.
Recordó la parábola del hijo pródigo, quien decidió regresar a casa después de haberse apartado de su padre. En lugar de rechazarlo, su padre lo recibió con alegría.
Así, Leonardo nos invitó a acercarnos a Jesucristo, a reconocer nuestros errores y a buscar una relación verdadera con Él.
La obediencia no es solamente cumplir una serie de reglas. También se demuestra en nuestra manera de tratar a los demás, en nuestra disposición para perdonar y en el amor que compartimos con quienes nos rodean.
Un parque que también se unió a la alabanza
Al terminar la predicación continuamos cantando. Leonardo también participó interpretando El poderoso de Israel, y después seguimos con varios coritos de alabanza.
Hubo mucha alegría entre nosotros y entre algunas de las personas que estaban escuchando. Desde sus asientos, varios levantaban sus manos en oración mientras continuábamos alabando al Señor.
Es bonito ver cómo las alabanzas también alcanzan a quienes simplemente están pasando una tarde en el parque. No todos se acercan ni toman un micrófono, pero algunos encuentran su propia manera de participar.
Leonardo también dedicó palabras de oración a nuestra ciudad, pidiendo por las familias, los hogares y las personas que atraviesan necesidades.
Una pareja que volvió a acompañarnos
Entre las personas que estuvieron presentes reconocimos a una pareja que había asistido el jueves anterior.
El 15 de octubre, Leonardo había tenido la oportunidad de orar por el hombre, quien estaba atravesando una situación difícil junto con su esposa.
Esta vez volvimos a encontrarlos escuchando el servicio y participando con gozo.
Cuando terminamos, Leonardo se acercó para conversar un poco con ellos.
No conocemos todo lo que sucede en sus vidas ni cómo han transcurrido sus días desde aquella primera oración. Pero nos alegró volver a verlos y saber que habían decidido acompañarnos una vez más.
Hay encuentros que no necesitan grandes acontecimientos para tener significado. A veces se trata simplemente de volver a encontrarnos, saludarnos y dedicar unos minutos a escuchar a otra persona.
Y precisamente de eso nos había hablado Leonardo durante su predicación: de no olvidarnos de nuestros hermanos y de aprender a acercarnos a quienes pueden necesitar una palabra de ánimo.
Para terminar
Al despedirnos, agradecimos a todas las personas que compartieron aquella tarde con nosotros. También extendimos la invitación para regresar el próximo jueves y recordamos los horarios de nuestra congregación, la Iglesia Raíces.
Nos retiramos agradecidos por la oportunidad de compartir la Palabra, por la alegría que vivimos durante las alabanzas y por las personas que nos acompañaron, algunas de ellas nuevamente.
Nos llevamos también una enseñanza que necesitamos aplicar primero en nuestra propia vida.
Podemos hablar de Dios, cantar alabanzas y conocer muchos pasajes de la Biblia, pero el Señor también nos llama a demostrar ese amor cuando alguien necesita ayuda, cuando debemos perdonar o cuando tenemos la oportunidad de acercarnos a otra persona.
Que Jesucristo nos enseñe a obedecer su Palabra con un corazón dispuesto, no solamente cuando estamos reunidos para alabarle, sino también en nuestras decisiones y en el trato que damos a quienes nos rodean.
Porque amar a Dios y amar a nuestro prójimo no son dos caminos separados. Son parte de la misma obediencia a la que Cristo nos ha llamado.
Esta experiencia forma parte del ministerio SeamosLUZ, un grupo de hermanos que busca compartir la Palabra de Dios y llevar un mensaje de amor, esperanza y fe a nuestra comunidad. Servimos como parte de la Iglesia Raíces, bajo la cobertura de nuestro pastor Héctor Bañaga.
