Por convicción
Una tarde para compartir la Palabra, conocer nuevas personas y recordar que estamos aquí por convicción, para ser luz en la vida de otros.

27 de agosto de 2026
Una vez más nos reunimos en el Parque Obrera para compartir la Palabra de Dios.
Esta vez estuvimos Jaime, Leonardo, Jesús y Marco. Llegamos alrededor de las 4 de la tarde y poco después comenzamos a reunirnos.
No sabíamos exactamente cómo se desarrollaría la tarde. Simplemente llegamos con el deseo de compartir lo que Dios ha puesto en nuestros corazones.
Y así comenzó nuestra tarde.
Alguien que venía muy cansado
Cuando llegaron Jesus y Jaime, se acercó una persona. Dijo que venía muy cansado, que había caminado desde el centro y que acababa de salir del hospital porque había tenido algo parecido a un derrame, o tal vez un preinfarto.
Comenzamos a platicar con él y nos contó lo que le había pasado. Jesus le regaló uno de los folletos que llevaba, uno en forma de curita, que habla de que en Dios encontramos fortaleza, seguridad, paz, tranquilidad y sanidad. Jaime también le compartió la Palabra de Dios.
Antes de irse pidió la dirección de la congregación y se despidió. Dijo que el domingo a las 12 nos esperaría ahí, porque ahí va a empezar a congregarse.
Mientras acomodábamos las bocinas, Leonardo se quedó platicando con él un rato más y le regaló una Biblia nueva que llevaba consigo.
Cantamos en el kiosco
Esta vez comenzamos cantando un poco en el kiosco del parque.
Primero cantó Jesús y después Marco. Fue un momento sencillo, pero especial. No necesitábamos un escenario ni un lugar lleno de personas. Solo queríamos alabar a Dios y compartir nuestra fe en medio del parque.
Después, Leonardo comenzó a predicar.
Un mensaje directo
Su mensaje empezó por algo que todos podemos reconocer: muchas veces nosotros mismos complicamos nuestra vida. Nos preocupamos por lo que no tenemos. Nos quejamos de lo que sí tenemos. Buscamos culpables cuando las cosas salen mal. Y muchas veces olvidamos agradecer por las bendiciones que ya recibimos.
Dios hizo al hombre recto, pero nosotros buscamos muchas complicaciones (Eclesiastés 7:29).
Pero Leonardo no se quedó solo en eso. Habló también de algo más fuerte: que la vida es corta y que un día tendremos que rendir cuentas ante Dios. Usó la historia del rico y Lázaro para recordar que lo que hacemos con esta vida tiene consecuencias después de ella, y mencionó lo ocurrido en Nepal como un recordatorio de que nadie sabe cuánto tiempo tiene.
También habló de algo que ve todos los días: que muchas veces confiamos más en un doctor que en Dios, y llamó a los presentes a poner primero su confianza en Él. Y dirigió una advertencia clara a quienes enseñan religión sin enseñar amor y misericordia.
No fue un mensaje suave. Fue un mensaje de urgencia y también de esperanza, y así se vivió esa tarde.
No juzgar, sino amar
Junto con esa advertencia, también se habló de nuestra tendencia a juzgar. Es fácil señalar a alguien por su situación, por sus errores o por la vida que lleva. Pero Jesús nos enseñó a tener misericordia.
No juzguéis, para que no seáis juzgados (Mateo 7:1).
Dios no nos llamó a sentirnos superiores a los demás. Nos llamó a amar, a perdonar, a tener misericordia y a recordar que todos necesitamos de Dios.
También hablamos de algo sencillo que muchas veces olvidamos: dar gracias. Por una mañana más, por la vida, por la familia, por la comida, por la oportunidad de servir. Y pudimos pedirle a Dios por nuestra ciudad, por las personas que viven en la calle, por quienes tienen hambre y por quienes necesitan una oportunidad.
Mientras tenemos vida
Otro de los puntos que se compartió fue el valor de la vida. No sabemos cuánto tiempo tenemos. Por eso, mientras estamos aquí, todavía podemos cambiar. Podemos pedir perdón. Podemos perdonar. Podemos acercarnos a Dios.
Jesús vino para que tengamos vida en abundancia (Juan 10:10).
Somos más que vencedores por medio de Cristo (Romanos 8:37).
Una nueva persona se acercó
Durante la tarde ocurrió algo que no esperábamos. Mientras conversábamos con una persona que estaba vendiendo paletas de tamarindo y palanquetas, nos contó que cree mucho en Jesús y en Dios, que siente tener un don para orar por los enfermos, y que le gustaría unirse con nosotros los jueves.
También se acercó alguien que estaba entrenando en el parque. Nos contó que él mismo se acercó a Dios hace tiempo, gracias a que escuchó a alguien predicando en público, y que aquella decisión fue la mejor que ha tomado en su vida.
No sabemos quién está escuchando. No sabemos qué palabra puede quedar en el corazón de una persona. Pero sí sabemos que vale la pena salir y compartir.
Vosotros sois la luz del mundo (Mateo 5:14).
Por convicción
Después seguimos conversando entre nosotros sobre por qué estamos haciendo esto. Y una frase resumió muy bien lo que sentimos:
Estamos aquí por convicción, no por imposición.
No lo hacemos porque alguien nos obligue, ni porque pensemos que le hacemos un favor a Dios. Estamos aquí porque creemos que Dios puso este deseo en nuestros corazones.
No amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad (1 Juan 3:18).
Poner a Dios primero
También recordamos que es fácil darle a Dios el último lugar. Tenemos tiempo para trabajar, para el teléfono, para internet. Pero muchas veces decimos que no tenemos tiempo para Dios.
Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas (Mateo 6:33).
Todo lo que tenemos es temporal. Por eso queremos invertir nuestro tiempo en algo que tenga un valor eterno. Estamos invirtiendo en la eternidad.
Una nueva oportunidad para servir
Al final de la tarde llegó un momento diferente para Marco. Esta vez le tocó orar, algo que no había hecho antes en estas salidas.
La oración fue por nosotros y por el propósito que Dios ha puesto delante de SeamosLUZ. Pedimos dirección. Pedimos sabiduría. Y clamamos por Ensenada, por quienes viven en las calles, por quienes tienen hambre, por quienes necesitan trabajo y por quienes están enfermos.
Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces (Jeremías 33:3).
Nosotros podemos sembrar, hablar, cantar y orar. Pero el crecimiento está en las manos de Dios.
Yo planté, Apolos regó, pero el crecimiento lo ha dado Dios (1 Corintios 3:6).
Seguimos siendo luz
Terminamos la tarde agradecidos. Fuimos cuatro personas al parque. Cantamos. Compartimos la Palabra. Conocimos a alguien nuevo. Conversamos sobre Dios. Y terminamos orando.
Quizás para alguien más fue solamente una tarde en el parque. Para nosotros fue otra oportunidad de hacer lo que sentimos que Dios nos ha llamado a hacer.
No sabemos cuántas personas conoceremos. No sabemos quién regresará. No sabemos hasta dónde llegará SeamosLUZ. Pero sí sabemos que queremos seguir caminando, aprendiendo, compartiendo y amando. Y seguir siendo luz.
Porque esto no lo hacemos por obligación. Lo hacemos por convicción.
Y mientras tengamos vida, todavía tenemos una oportunidad para llevar esperanza a alguien más.
Vosotros sois la luz del mundo. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos (Mateo 5:14,16).
Esta experiencia forma parte del ministerio SeamosLUZ, un grupo de hermanos que busca compartir la Palabra de Dios y llevar un mensaje de amor, esperanza y fe a nuestra comunidad. Servimos como parte de la Iglesia Raíces, bajo la cobertura de nuestro pastor Héctor Bañaga.
Palabra que compartimos
Eclesiastés 7:29
Dios hizo al hombre recto, pero nosotros complicamos nuestro camino.
Abrir en la BibliaMateo 6:33
Alabanza
Eres Todo Poderoso
Danilo Montero
Yo Te Busco
Marcos Witt
Vine A Adorarte
Marcela Gandara
Al Que Esta Sentado En El Trono
Toma Tu Lugar
Alma Peregrina
Álvaro López
Por Amor
Álvaro López
