La semana pasada dijimos que probablemente hablaríamos de la parábola del sembrador y así fue. Volvimos al Parque Obrera con una pregunta que terminó guiando toda la tarde: la semilla que Dios sembró en nosotros hace tiempo ¿en qué tierra ha caído?
10 de septiembre de 2026 Estuvimos Gustavo, Jaime, Leonardo, Jesús y Marco, otra vez desde el kiosco del parque, entre alabanza, predicación y las conversaciones que se fueron dando con la gente que se acercó.
Antes de comenzar
Antes de comenzar la alabanza, nos pusimos en oración. Jesús dirigió la oración por la ciudad, pidiendo primeramente por la presencia de Dios, que recibiera nuestra alabanza y oración, y poniendo delante de Él las necesidades de la ciudad y de las personas que ahí viven.
Alabanza en el kiosco
Después de orar, Gustavo tocó la guitarra y cantó, y así comenzó la tarde. Cerca del kiosco había un hombre que empezó a gritar con mucho resentimiento, casi como endemoniado. Viendo eso, Marco extendió la lectura bíblica: solo estaba planeado leer la parábola del sembrador, en Lucas, pero se siguió leyendo una parábola tras otra hasta llegar a la parábola de la semilla de mostaza, cubriendo con la Palabra ese momento mientras orábamos en silencio por él.
Palabra de Dios
Lucas 13:19
Es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su huerto; y creció, y se hizo árbol grande, y las aves del cielo anidaron en sus ramas.
Con esa lectura como base, Leonardo tomó la palabra y abrió el mensaje con algo que a todos nos toca: a veces culpamos a todos, a la vida, a la gente, hasta a Dios, de lo que a nosotros mismos nos ha salido mal. Nadie es perfecto, todos fallamos, pero pocas veces lo reconocemos. Se habló de la semilla que Dios sembró en cada uno hace mucho tiempo y de hacer un alto para preguntarnos con honestidad qué ha producido en nuestra vida: la familia que formamos, lo que hemos construido, aquello que Dios confió en nosotros.
Mientras Leonardo predicaba, el mismo hombre se puso a blasfemar e insultar. Leonardo no le respondió con lo mismo, sino que le dijo que lo amaba, así como Dios nos pide que amemos incluso a quien nos ataca.
Palabra de Dios
Mateo 5:44
Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;
También se habló de algo que cuesta admitir: muchas veces, cuando la vida se complica, en vez de acercarnos más a Dios nos alejamos, buscando salidas más fáciles. Y entre más nos alejamos, más se pierde el rumbo.
Dejar de culpar y volver a casa
De ahí el mensaje se movió hacia una pregunta directa: ¿de qué le sirve al hombre ganar todo lo que quiera si al final no se lleva nada? Ni el dinero, ni los títulos, ni las riquezas sirven de mucho si no tenemos a Dios en el corazón.
Palabra de Dios
Marcos 8:36
Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?
Se retomó también la parábola del hijo pródigo: cómo se fue, lo perdió todo, y cuando por fin reconoció que la había regado y decidió volver a casa, encontró no un reproche sino una fiesta. Es la misma invitación que sentimos que Dios nos sigue haciendo a nosotros: no importa cuánto tiempo llevemos lejos, la puerta sigue abierta.
Palabra de Dios
Lucas 15:24
Porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse.
Esa tarde también platicamos y oramos por el hermano que carga mucho resentimiento y ha pasado momentos muy duros con su familia. No profundizamos aquí en su historia, pero seguimos orando por él, confiando en que Dios puede soltar cargas que nosotros solos no podemos.
Una alabanza especial
Al terminar el mensaje, Gustavo volvió a tocar y a cantar. Fue entonces cuando se dio uno de los momentos más especiales de la tarde. Una muchacha que vendía quequitos por el parque se acercó a escuchar. Al terminar la canción, nos compartió que ella era cristiana, aunque reconocía que últimamente no había estado tan activa en su fe. Sin embargo, aquella canción le hizo recordar a su abuelo y le hizo sentir nuevamente al Espíritu Santo. Nos dijo que había sido una bendición poder escuchar la canción.
Lo que hizo aún más especial el momento fue la respuesta de Gustavo, quien le dijo que la bendición también había sido para él. Y lo era de una manera muy especial, porque la canción que acababa de cantar era una composición original suya. Fue uno de esos encuentros inesperados que recuerdan que una canción puede tocar corazones de maneras que uno jamás imagina.
Job, David y el primer lugar
Más tarde, ya entre nosotros, la conversación se volvió estudio bíblico: hablamos de la idolatría y de qué ponemos hoy en el primer lugar de nuestra vida sin darnos cuenta; de los ángeles que cayeron por dejarse llevar; y de historias como las de Job y David, y de cómo Judá, sin ser el primogénito, alcanzó la bendición que otros perdieron por sus propias decisiones.
Palabra de Dios
Apocalipsis 5:5
Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos
Entre risas, hasta terminamos platicando del significado de palabras como "gacho" y "funar", y de cómo, aunque cambien las palabras, la Palabra de Dios sigue hablándole al corazón de la misma manera de siempre.
Después del servicio
Jaime cerró la tarde con una oración:
“Amado Padre, gracias Señor por esta reunión, porque la intención es venir a establecer tu reino. Se trata de ti, Señor. Alinea nuestros corazones al tuyo y danos lo que necesitamos para poder seguir caminando en estos tiempos, para venir cada jueves a exaltarte y glorificarte. Te pedimos que nos cubras con tu sangre preciosa de la cabeza a los pies, y que el enemigo no toque a ninguno de mis hermanos aquí presentes. Nos cubrimos con tu sangre preciosa, en el nombre de Jesús. Amén.”
Terminamos la tarde con la misma convicción de siempre: no venimos a hablar de nosotros, sino a compartir lo que Dios sigue haciendo en nosotros.
Esta experiencia forma parte del ministerio SeamosLUZ, un grupo de hermanos que busca compartir la Palabra de Dios y llevar un mensaje de amor, esperanza y fe a nuestra comunidad. Servimos como parte de la Iglesia Raíces, bajo la cobertura de nuestro pastor Héctor Bañaga.
Vídeos
Lo que me dejó esta experiencia
A veces no sabemos qué efecto puede tener una palabra, una canción o un pequeño gesto en la vida de alguien.
Quizá nosotros pensamos que fue algo sencillo, pero para otra persona pudo significar mucho.
La experiencia de aquella tarde nos recuerda que nosotros sembramos, pero Dios es quien hace crecer la semilla.
Por eso, nunca debemos dejar de sembrar. Aunque no veamos el resultado, confiemos en que en el momento indicado, esa semilla puede dar fruto.